“Un abrazo sincero es hablar desde el corazón”

Desde que llegamos a Bolivia hemos experimentado muchas sensaciones y vivido muchos momentos, pero ¿Qué sería de todas esas sensaciones y momentos sin los abrazos?

Aquí hemos podido parar a darle todo el significado a este gesto. El abrazo nos conecta directamente con la persona a la que abrazamos, y esto nos hace no poder sentirnos uno sino dos. Sentir lo que la otra persona lleva dentro, celebrar su alegría, cargar con su cruz o compartir su desconcierto.

Desde nuestra última carta han pasado muchas cosas y hemos experimentado muchos tipos de abrazos:

Abrazos de bienvenida

¡Qué bonito recibir a los voluntarios del CTM! Qué sensación esa de tenerlos cerca y saber que viviríamos la maravillosa aventura de perdernos, jugar, llorar, celebrar… en nuestras queridas comunidades de Ipias, Ramada, Entre Ríos, Buena Vista y San Juan. Ese abrazo de bienvenida también está cargado de la esperanza de que un mundo mejor es posible, esa conexión hace sentir que ya nada será igual entre nosotros.

Abrazos de reencuentro

Cuando vuelves a un lugar que te ha tocado tanto la vida como es el caso de las comunidades, cada abrazo que das también es un reencuentro con lo más profundo de uno mismo, con aquello más auténtico que empezó a echar raíces en 2009 y que nos tiene bien plantados en esta tierra fértil. ¡Qué regalo volver a las comunidades! La experiencia vivida en el CTM nos invita a no permanecer en un lugar fijo, a seguir mirando a nuestro entorno y movernos. A todo esto, hay que sumarle la acogida infinita, la gratitud vivida en cada una de las casas y el espíritu de familia y compartir que tanto nos enseña.

Abrazos de familia

Estos abrazos tienen la virtud de teletransportarte a otro lugar. Sin duda alguna, uno de los momentos más intensos de nuestra experiencia, ha sido poder tener acá a parte de nuestra familia, la de sangre y la que se elige, a esa que se le llama amigos. Abrazarlos ha significado abrazar nuestra historia, nuestro origen, todo lo que llevamos en nuestras “mochilas”, con la gran diferencia, que esta vez esa parte de nuestra historia había cruzado al otro lado del océano. Nuestras vidas de allí y acá unidas sin necesitad de internet ni tantas tecnologías. Hemos compartido de todo un poco, conocer la diversidad y riqueza de este país, asombrarnos y aprender de la Pachamama, risas, horas de carretera… pero sin duda alguna, lo más maravilloso ha sido veros a cada uno de vosotros metidos de lleno en nuestra realidad que ya también es vuestra. Gracias de todo corazón a los cuatro, sin duda no harán falta muchas palabras a nuestra vuelta, seremos más de abrazos.

Abrazos de paz

Estos sin duda, son los que sanan el alma y al mismo tiempo los más impredecibles, nunca sabes cuando llegan, pero siempre aparecen. Cuando hay malos días o falta de claridad, siempre están ahí, ya sea en un cuerpecito de cuatro años que casi ni alcanza a rodearte, en un compañer@ del colegio, en un@ alumn@ que vino a ser escuchad@, o en la persona que camina junto a mí. Y en el fondo de todo ello siempre aparece la divina sensación de estar en paz. Quizás no sea algo común con nuestro ritmo de vida en España, pero sin duda es una gran enseñanza para cuando embarquemos en el viaje de vuelta. La Paz trae paz y estamos faltos de ella.

A menos de dos meses para decirle no sabemos si adiós o hasta luego a esta bendita tierra, ¿cómo no podemos estar agradecidos por todos estos abrazos? Esto no nos invita a otra cosa que a estar más comprometidos que nunca y a seguir exprimiendo cada uno de los minutos que vivimos en San José.

Nos despedimos la sensación de angustia que provoca la cuenta atrás y la felicidad que nos provoca todo lo que estamos viviendo y el saber que pronto nos encontraremos. Muchos besos y abrazos para todos y todas.