Chapie, Gracias

Un mes, ese es el tiempo que ha pasado desde que aterrizamos en Madrid y viajamos hasta Sevilla, tiempo de espera y de reencuentro, tiempo de abrazos y besos, tiempo de Adviento. En un mes ha dado tiempo de mucho, pero se nos hace insuficiente para digerir, ordenar y expresar todo lo que hemos vivido en este último año de nuestras vidas. Se nos hace muy difícil hablar y en este caso escribir sin tener un enorme nudo en la garganta y que se escape una lagrima, pero no queríamos dejar que se acabase este maravilloso 2017 sin dar las GRACIAS por todo lo vivido en nuestro querido San José de Chiquitos.

Casi sin darnos cuenta estábamos en nuestro último mes de experiencia, ultimo mes de clases y actividades y para que no fuese diferente, un último mes bien apretado, talleres, algún viaje, un congreso sobre ODS en San José, evaluaciones de final de curso… todo muy bien cuadrado y programado como venía siendo costumbre. Lo que no estaba programado ni tan siquiera podíamos imaginar, eran las enormes muestras de cariño y gratitud que íbamos a recibir hasta que dejásemos nuestro pueblo el día 23 de noviembre. Jamás en nuestras vidas nos habíamos sentidos tan abrumados con tanto cariño, aun recordamos entrar en nuestro cuarto, mirarnos emocionados y preguntarnos si nos merecíamos tanto cariño, tanto amor. Estábamos recibiendo tantísimo, que una vez más nos sentíamos y hoy seguimos sintiéndonos, realmente descolocados y muy afortunados.

Pero si alguien debe y puede estar agradecido en toda esta historia, somos nosotros. Tan agradecidos que necesitaríamos todo el tiempo del mundo para devolver todo, para devolver tanto, y por eso solo podemos dar las gracias.

Gracias a nuestros pequeños ángeles, nuestra energía diaria que nos esperaban con los brazos abiertos y siempre con una sonrisa en el Comedor Buena Madre. Podría acabarse el mundo y ser el día más negro, pero ellas y ellos tenían la capacidad de solucionarlo todo. Nos conectaban con este mundo, con lo esencialmente importante en esta vida y nos llenaban de sonrisas con su cariño y sus detalles. Esta experiencia sin ellos no hubiera sido posible.

Gracias a todos los Y LAS estudiantes del colegio Marista por confiar tantísimo en nosotros. Ha sido un regalo convertirnos en alguien en quien pudieseis confiar y apoyarse.  Os engañaríamos si no os reconocemos que nos habéis quitado el sueño muchas noches, pero os aseguramos que volveríamos a desvelarnos por cada uno de vosotros y por cada una de vuestras historias. Sois el presente y el futuro de San José y de Bolivia y si ustedes nos han hecho creer que los sueños son posibles, solo podemos deciros que nadie ni nada os robe los vuestros.

Gracias a las mamás y papás por poner en nuestras manos a sus tesoros más preciados, sus hijos e hijas. Esa enorme responsabilidad no se le debería olvidar nunca a ningún educador y más aun cuando llaman a tu puerta personas tan implicadas y de buen corazón como las que hemos tenido la suerte de conocer.

Gracias a los colegas profes de nuestra querida primaria que nos habéis acogido, acompañado y cuidado como uno más de vosotros desde el primer día. Trabajar con un grupo que vive y sueña como una gran familia ha sido la gran enseñanza que nos habéis regalado. Gracias de todo corazón por vuestro abrazo sincero.

Gracias a nuestros amigos y amigas, esos que habéis cruzado la línea del trabajo y nos habéis abierto las puertas de vuestra casa y vuestra vida. Sentirnos en familia estando tan lejos de la nuestra ha sido un regalo de Dios. A ver quién puede decir que tiene tres abuelas y una casa a 8000km en la que siempre podrá entrar sin llamar a la puerta para tomar un buen mate. Os queremos.

Gracias a los comunarios y comunarias de Ipias, Ramada, Entre Ríos, Buena Vista y San Juan. ¡Qué gozada ha sido teneros cerca y poder encontrarnos! Sin duda alguna, esperamos que la semillita sembrada con los estudiantes de frutos y tengáis más visita Marista en este nuevo año. Junto a vosotros empezó todo nuestro amor hacia Bolivia y con vosotros estamos seguro de que continuará creciendo.

Gracias a toda la familia Marista de Bolivia. Sentir que el sueño de Marcelino sigue en pie a pesar de todas las dificultades es una pasada, y formar parte de el, aun más. Gracias a cada una de vosotras y vosotros que nos habéis dedicado un solo minuto de vuestro tiempo y habéis hecho que nos sintamos tan como en casa que hasta nuestra propia familia ha dudado de nuestro regreso, gracias Familia “Pipa”. Y en especial GRACIAS a los hermanos con los que hemos podido compartir nuestro tiempo, sin ustedes, nada de esto hubiese pasado. Gracias por vuestro ejemplo, vuestra cercanía, por habernos abierto las puertas de vuestras casas y de vuestras vidas, gracias por poner el listón en su sitio cuando se nos desajustaba y sobre todo gracias por ser ejemplo de entrega y vida vivida desde la radicalidad de la entrega a los demás.

Y por último y no por ello menos importante, gracias de todo corazón a nuestras familias que tanto han esperado nuestro regreso y desde que llegamos sólo hacen cuidarnos y darnos todo su amor.

Como decíamos al principio, hoy, nos sigue resultando casi imposible mirar atrás sin un enorme nudo, pero creemos que en estas líneas hemos podido resumir algo de los que sentimos. Sin duda este tiempo vivido en Bolivia ha sido en el que más veces hemos dado las gracias en nuestras vidas, a Dios, a la Pachamama, al Karma, a las personas… Un tiempo que sin duda ha sido un punto de inflexión en nuestras vidas y que estamos seguro nos hará tener siempre presente nuestro “origen” Chiquitano.

Por tanto, por todo, CHAPIE.