El pasado fin de semana tuvo lugar la convivencia final de año del proyecto “Jóvenes con Horizonte”, proyecto que se integra en la “Asociación Nuevo Horizonte” vinculada al barrio de Pérez Cubillas de la capital onubense.

Es el tercer año del proyecto donde jóvenes de 14 a 20 años disfrutan, aprenden y maduran en grupo con la esencia de Champagnat. Son tres coordinadores, exalumnos maristas y voluntarios, los que acompañan durante todo el curso a los jóvenes.

El proyecto se asienta en una reunión semanal donde se desarrollan cuatro temáticas:  formación personal, actividades deportivas y juegos, formación para que lleguen a ser animadores y experiencias interesantes de personas externas al proyecto. Además, el proyecto ofrece a los jóvenes tanto clases particulares, habitualmente con profesores voluntarios del Colegio Maristas de Huelva, como diferentes oportunidades de voluntariado donde ellos mismos pueden ayudar a los demás en otros proyectos de la asociación. También, se realizan convivencias y acampadas durante el curso que dan al proyecto una perspectiva más lúdica.

Es en estas convivencias donde se encaja el encuentro del pasado 2 de diciembre. Fueron trece jóvenes y tres coordinadores los que calentaron con sus juegos, risas y vida un día que amaneció con muy baja temperatura. Se comenzó con una dinámica llamada “rompehielos”, muy acertado el nombre para ese día, que consistió en el sorteo de nombres y diferentes objetos con los que eliminar a sus compañeros durante todo el día. Se continuó con otra actividad en la que los jóvenes debían adivinar el suceso que a otro joven le había ocurrido. Posteriormente, se realizó un juego divididos en dos grupos en el que los jóvenes se equiparon con bolsas de basuras y manos pintadas para eliminar a sus rivales (se adjunta foto). A la hora de la comida, el grupo de jóvenes tuvo la oportunidad de disfrutar de una barbacoa para coger fuerzas para la actividad de la tarde, un juego donde divididos por grupos tuvieron que ir descifrando pista a pista hasta encontrar el cofre. Una vez encontrado el cofre, el grupo realizó una celebración con vistas al mar al final del día en la que las monedas del cofre se repartieron entre ellos, como forma de agradecimiento y amistad (se adjunta foto).

Con el tradicional apretón de manos entre todo el grupo, con el que termina cada reunión desde que comenzó el proyecto, finalizó la convivencia.

Las caras de cansancio y felicidad de los jóvenes a la llegada a su barrio auguran larga vida a este maravilloso proyecto.

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